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Clame hoy a Dios por ese milagro...

Clame hoy a Dios por ese milagro…

Fernando Alexis Jiménez

S
onia se asomaba todos los sábados en la mañana, presa de la curiosidad que le despertaban los centenares de peregrinos que recorrían de rodillas la plazoleta adoquinada, hasta la basílica en la que se honraba la imagen del que pretendía ser el “Señor de los milagros”.
Si tan solo nos atrevemos
a creer, Dios hará posible
lo imposible...
Los milagros ocurrirán...
Muchos de ellos venían desde muy lejos, habían cubierto a pie la enorme distancia que los separaba de Guadalajara de Buga y llevaban ofrendas que entregaban en el altar, después de lastimar sus coyunturas con el piso duro de tierra cocida. Invariablemente pedían la intervención de Dios. Regresaban a sus casas, tiempo después, bajo el convencimiento de que algo especial ocurriría. Pero nada pasaba. Todo seguía igual.

Sonia los veía una y otra vez. Anhelaba gritarles—desde cuando era niña—que no perdieran el tiempo. Sin embargo sabía que dejarse arrastrar por los impulsos, acarrearía un tremendo castigo de sus padres, devotos católicos que no faltaban a misa de domingo.

Aprovechando la ausencia de ellos, iba donde la vecina evangélica. Nadie en el barrio le hablaba. La calificaban de hereje. Y de haber estado en vigencia la inquisición, seguramente habrían preparado de buen gusto una pira de leña para quemarla en medio del parque.

¿Ahogado por las deudas?

¿Ahogado por las deudas?
Ps. Fernando Alexis Jiménez

E
l día que la joven representante de un banco nacional le entregó su tarjeta de crédito, Alberto pasó media hora apreciándola: de frente, en la parte posterior, arriba, abajo, a contraluz para verificar la validez del holograma, los nombres y apellidos, documento de identidad, fecha de vencimiento… Todo.
Pídale a Dios sabiduría y no
permita que las deudas
lo ahoguen...
Sus ojos brillaban con la misma luz de quien ha encontrado un tesoro en el rincón más apartado de la selva; de quien comprueba en la televisión que acaba de ganarse la lotería y con la misma expectante mirada de la persona que en las últimas, a fin de mes y cuando se encuentra desesperado esperando su quincena, descubre en el cajero automático que aún le quedan algunos pesos.
--Esta es mi entrada a un mejor nivel de vida—le dijo orgulloso a un compañero de oficina, que no comprendía la euforia que desbordaba por sus poros. --Ya verás cuando Claudia la vea. Se volverá loca de la alegría—anunció.
Su esposa no prestó mayor atención cuando lo vio en la noche, después de la cena, blandiendo el documento plástico con la misma pasión febril, de José Arcadio Buendía, uno de los personajes de la novela "Cien Años de Soledad" del Nobel Gabriel García Márquez, cuando relatan que anunció a su familia que la tierra era redonda.

¿Cómo manejar bien su economía?

¿Cómo manejar bien su economía?

Fernando Alexis Jiménez

C
uando hurgó sus bolsillos—primero con curiosidad y luego con desesperación--, Roberto descubrió que apenas tenía unas monedas, y luego se dirigió, febril, hacia el interior de su billetera en la que únicamente encontró los documentos de identidad y unas cuantas tarjetas de presentación. "Dios mío, otra vez me quedé sin dinero", murmuró.

Llevaba varios meses en la misma situación. Un ciclo que parecía interminable. Su fuerza de voluntad se mantenía firme en un trayecto no mayor de doscientos metros: desde que salía del banco, después de cobrar su quincena, hasta que pasaba frente a la vitrina de un almacén, una librería, un restaurante o una venta de "saldos".

Obtenía cosas que no necesitaba, simplemente porque tenían un rótulo de colores que decía: "Rebajas". Muchas veces se encontró echando la basura aquello que cuatro meses antes parecía novedoso y que descubrió, no tenía mucha utilidad en su hogar.

Siete principios para vencer la ira

Siete principios para vencer la ira

Fernando Alexis Jiménez

E

n su enojo, Raquel lanzó el teléfono celular contra la pared. El impacto destruyó en mil fragmentos el aparato que se desperdigó en toda la habitación y minutos después sería el más vivo testimonio de las consecuencias desatadas por la ira de la joven mujer.

No puedo contenerme. Cuando me lleno de ira, es como si mi mente se nublara—le explicó a una amiga, horas después del incidente.

Las dos rememoraron el incidente, repasando segundo a segundo, lo que había ocurrido. Su profunda rabia, que la dominó por completo, comenzó cuando llegaron las dos de la tarde y Juan Carlos—su esposo—no la había llamado.

No puedo concebir que no se tome siquiera aun minuto para hablar conmigo—se justificó–. Imagínate, Laura: me salió con el cuento de que había estado trabajando en una junta de selección y calidad en su empresa.—

¿Ha pensado renunciar al ministerio?...

¿Ha pensado renunciar al ministerio?...
Fernando Alexis Jiménez

"

Si ha pensado renunciar al
ministerio pastoral, es hora
de que tome un tiempo, reflexione
bien y vaya al Señor Jesús en
oración antes de
tomar cualquier
determinación...
¡Los hombres y mujeres de Dios no renuncian a su llamado jamás!". Aquellas palabras le cayeron como un baldado de agua fría. Las escuchó el domingo en la mañana, durante el primer sermón. Justo ese día, cuando pensaba pasar su carta de dimisión. ¡Y no era para menos! El hogar con problemas: su esposa se quejaba de que no la tenía en cuenta, y sus hijos cada día se mostraban más apáticos.

Desde que Raúl había asumido como presidente del Comité de Servidores, las críticas en su contra se multiplicaron. Unos decían que ese no era un ministerio para él, otros opinaban que sus pautas de trabajo eran erradas y ventilaban comentarios sobre la superioridad de su antecesor. Varios voluntarios dejaron de asistir a las reuniones. Aunque él intentaba mejorar de muchas maneras, e incluso ignorar los comentarios malintencionados, cada nuevo esfuerzo parecía atizar el fuego y se volvía en su contra como un boomerang.

Para completar el oscuro panorama, su vida devocional iba de mal en peor. Primero clamó a Dios con angustia, luego dejó de hacerlo. Para ser sincero, ya no quería siquiera orar, y en cuanto a leer la Biblia, hacía días que el separador de páginas continuaba en el mismo pasaje escritural.

"No tengo ganas de nada, salvo de salir corriendo no sé a dónde, pero correr. No aguanto más", se repetía una y otra vez con evidente desespero. Incluso la relación con sus compañeros de trabajo se tornó tirante y amenazaba con deteriorarse progresivamente.

Transforme esa naturaleza de maldad

Transforme esa naturaleza de maldad

Fernando Alexis Jiménez

Sólo Dios tiene el poder
para transformar nuestra naturaleza de
maldad y llevarnos a una vida plena...
¡Por supuesto que lo embargó la indignación! Imagínese si no: Ser asaltado apenas comenzaba la jornada. No era para menos. El muchacho arrebató unos papeles que llevaba en la mano y que se desperdigaron por el piso. Cuando iba a recogerlos, aprovechó el descuido para sustraerle la billetera y emprendió veloz huida.

Mil pensamientos pasaron por su mente en la fracción de segundos que tomó conciencia de lo ocurrido. ¿Recoger los documentos?¿Ir en búsqueda del adolescente que se alejaba a grandes marchas?¿Y si regresaba con espíritu vengativo para herirlo?¿Y si lograba capturarlo?.

Un impulso irracional lo llevó a emprender también la carrera. Lo hizo con fuerza, poniendo todo su corazón en cada paso. Cada metro recorrido lo acercaba al joven delincuente que corría delante.

Algunos curiosos se sumaron a la persecución. No estaba solo. Y ese descubrimiento lo alentó a seguir su curso. Por fin lo agarraron, dos cuadras arriba. Lo vio con los ojos angustiados de quien no sabe qué pasará en adelante. Levantó el brazo. Deseaba propinarle todos los golpes que le permitieran sus fuerzas. Alguien lo animó para que lo hiciera: “Es la única forma de detener a estos ladrones

Pero esos ojos, cuya mirada jamás olvidará, lo llevaron a comprender que no era obrando con maldad y bajo un espíritu de venganza como se resolvían las cosas. Recuperó la cartera y lo entregó a un agente de la policía. Aun cuando su mayor deseo era herirlo, no se dejó arrastrar por las emociones incontroladas.

Una naturaleza que nos persigue

Todos los cristianos enfrentamos las secuelas de una vida pasada, en la que la venganza y el tomar justicia por mano propia, eran las reacciones apenas previsibles frente a cualquier provocación.

No obstante, cuando meditamos en nuestra nueva condición de creyentes, redimidos por la obra redentora de Cristo, comprendemos que no podemos seguir obrando igual. Somos nuevas criaturas.

A este elemento fundamental se refirió el apóstol cuando escribió: “Hermanos, no piensen como niños. Sin embargo en cuanto a la maldad, sean inocentes como bebés; y en su modo de pensar, sean adultos y maduros” (1 Corintios 14:20. La palabra de Dios para todos).

Es probable que haya descubierto en su ser fallas que son producto de su vieja naturaleza. Descubrirlo es importante. Ahora resta que –con ayuda del Señor Jesucristo—proceda a corregir aquellos aspectos que usted sabe, no honran ni glorifican a Dios.

Es tiempo de cambiar

Con ayuda de Dios podemos cambiar. Nada determina que la ira sea el comportamiento que gobierne nuestros pensamientos y acciones. Es posible, no en nuestras fuerzas sino en las del Señor.

El paso más grande para avanzar hacia la victoria en nuestro comportamiento radica en recibir a Jesucristo como Señor y Salvador de nuestras vidas. Puede hacerlo ahora mismo, con solo decirle: “Señor Jesucristo, reconozco que he pecado. Gracias por darme la victoria sobre el la ira descontrolada mediante la fuerza de tu Espíritu Santo. Gracias por morir en la cruz por mis pecados y abrirme las puertas a una nueva vida. Hoy te recibo en mi corazón como su único y suficiente Salvador. Haz de mi la persona que tú quieres que yo sea. Inscríbeme en el Libro de la Vida. Amén”

Si hizo esta oración, lo felicito. Su existencia será renovada. Comienza hoy un nuevo capítulo en su existencia. Ahora tengo tres recomendaciones:

1. Lea la Biblia. Es un libro maravilloso en el que aprenderá principios que le llevarán al crecimiento personal y espiritual

2. Ore cada día. Orar es hablar con Dios. Nos permite tener intimidad con Él.

3. Comience a congregarse en una iglesia cristiana.

Si tiene alguna inquietud, por favor, no deje de escribirme ahora mismo a pastorfernandoalexis@hotmail.com o llamarme al (0057)317-4913705.

© Fernando Alexis Jiménez

Nuestros hechos hablan más que nuestras palabras

 
Nuestros hechos hablan más que nuestras palabras

Por Fernando Alexis Jiménez

L

a queja vino de los vecinos. No soportaban un día más los malos tratos del hombre hacia su esposa y sus hijos. Vociferaba, tiraba objetos de la casa y en varias ocasiones salió a la calle dando un tremendo portazo. Pero inmediatamente cruzaba el umbral, era como si experimentara una transformación. Sonreía a quienes lo miraban y salía rumbo al parqueadero de autobuses como si nada hubiese ocurrido.
¿Cuánto tiempo pasó antes de que las gentes advirtieran a sus superiores sobre las actuaciones de este hombre? Dos meses, tal vez tres. No podían concebir que alguien a quien oían hablar maravillas de Jesucristo, pregonar el amor y anunciar el pronto regreso del Señor por su pueblo, fuera el mismo que en raptos de ira, protagonizaba escándalos que se escuchaban por toda la cuadra.

El predicador enseña más con el ejemplo que con sus palabras…


Cuando entraba en esos períodos de crisis, producto de la rabia, no medía sus palabras. Simplemente actuaba. ¡Qué diferente del hombre que todos los días salía con la Biblia bajo el brazo!....¡Era el co-pastor de la iglesia más cercana!.
Un enorme daño a la iglesia
Cuando los cristianos no somos coherentes con aquello que predicamos, el daño que generamos hacia la iglesia y en particular, la proclamación del evangelio transformador de Jesucristo es enorme.
Lo que decimos debe ser lo que hayamos tornado práctico en nuestras vidas. De lo contrario seremos únicamente buenos “conferencistas”. La Palabra de Dios primero debe impactar nuestra vida antes que la proclamemos desde un púlpito.

Enfrentando victoriosamente el mundo de las tinieblas

Enfrentando victoriosamente el mundo de las tinieblas

Infinidad de esfuerzos orientados a evangelizar, demandan primero la toma de territorios donde gobierna el mundo de las tinieblas. Lo hacemos en oración y ayuno.

Fernando Alexis Jiménez
E
n “pueblo de lata” se concentraban todos los prostíbulos, lugares de consumo de droga, consultorios de hechicería, templos espiritistas, bares, billares y casinos. “Una segunda Nueva York o quizá Hong Kong porque la gente pasaba en vela bebiendo, jugando o en una vida desenfrenada”, relató María Ortega quien tiempo después sería líder en una iglesia cristiana.       
Es tiempo de recuperar para Dios
los territorios que hoy gobierna
el mundo de las tinieblas a raíz
del pecado del género humano...
En Jesucristo tenemos asegurada la victoria...
--Fin de semana que no había muertos, eran fines de semana aburridos—intervino Camilo, su esposo, para complementar la información--: Las peleas eran pan de cada día; las separaciones de los matrimonios se daban constantemente, la violencia en los hogares parecía una oleada y las grescas en la calle se daban por motivos incluso triviales--. Él es un carpintero con más de veinte años de radicación en aquél sector de los extramuros de ciudad de México.

--El problema fue cuando llegaron a repartir folletitos con el Evangelio—repuso María, quien se atribuye el haber sido la primera persona que sacó corriendo del sector a los evangélicos lanzándoles piedras. El susto para ellos fue tan tremendo, que se alejaron a toda carrera de la sucesión de ranchos de madera, lata y cartón, dejando tras de sí un reguero de Biblias, folletos, un megáfono y hasta un bolso de mujer en el que se encontraron unos cuantos pesos, el retrato de un niño y un labial barato.

¿Pueden los cristianos tener demonios?

¿Pueden los cristianos tener demonios?

Fernando Alexis Jiménez
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R
osario no podía conservar la paz. La inmensa habitación, impecable, con unos cuantos muebles, libros sobre una cómoda junto a la cama y un computador moderno, se le convirtió en un infierno.

Llevaba al menos tres semanas sin poder conciliar el sueño. Pensamientos terribles la atormentaban. Incluso, en dos ocasiones en ese breve tiempo, tuvo la tentación de quitarse la vida. Ideó muchas formas de cómo hacerlo.

Era cristiana, pero aun cuando intentaba leer la Biblia, experimentaba una inexplicable pesadez. ‘‘Las palabras parecen confundirse. Por mucho que lo intento, no puedo concentrarme ’’, se quejaba.

Cinco razones para no renunciar al ministerio jamás

Cinco razones para no renunciar al ministerio jamás

¿Alguna vez pensó renunciar al ministerio?
¿Sintió que absolutamente nadie, ni siquiera Dios, valoraba sus esfuerzos y desvelos en la extensión del Reino?
¿Tiene acaso preparada la carta de renuncia?
Antes de decir ´hasta aquí llegué´, por favor lea este artículo…

Fernando Alexis Jiménez

Los hombres y mujeres de Dios no renuncian a su llamado jamás!". Aquellas palabras le cayeron como un baldado de agua fría.

L
as escuchó el domingo en la mañana, durante el primer sermón. Justo ese día, cuando pensaba pasar su carta de dimisión. ¡Y no era para menos! El hogar con problemas: su esposa se quejaba de que no la tenía en cuenta, y sus hijos cada día se mostraban más apáticos.

Desde que Raúl había asumido como presidente del Comité de Hujieres, las críticas en su contra se multiplicaron.


Los hombres y mujeres al servicio de Dios perseveran a pesar de las circunstancias…

Unos decían que ese no era un ministerio para él, otros opinaban que sus pautas de trabajo eran erradas y ventilaban comentarios sobre la superioridad de su antecesor. Varios voluntarios dejaron de asistir a las reuniones. Aunque él intentaba mejorar de muchas maneras, e incluso ignorar los comentarios malintencionados, cada nuevo esfuerzo parecía atizar el fuego y se volvía en su contra como un boomerang.

Para completar el oscuro panorama, su vida devocional iba de mal en peor. Primero clamó a Dios con angustia, luego dejó de hacerlo.

Es tiempo de tomarnos territorios gobernados hoy por el mundo de las tinieblas…

Es tiempo de tomarnos territorios gobernados
hoy por el mundo de las tinieblas…

No podemos permitir que Satanás siga gobernando ciudades enteras… Vamos a erradicarlo de nuestros territorios en oración…
Fernando Alexis Jiménez
I
nsólito. Una palabra que resume lo que ocurría en la calle del muerto. Larga, angosta, con baches en el asfalto, como si se tratara de un trágico escenario después de un bombardeo en Beirut.
Ocurrió de todo desde accidentes de tránsito, pasando por crímenes agotados en la vida de incautos transeúntes, hasta incidentes de violencia intrafamiliar que estallaban de manera sorpresiva e inexplicable.
--Vivir en este barrio es un infierno--, comentó doña Mélida mientras se abanicaba con una revista, un atardecer caluroso y monótono como la función de un payaso triste.
--No creo que podamos hacer mucho—le respondió su marido, mirando en la distancia a dos niños que jugaban a la pelota, despreocupados de todo y de todos.
--Sí, pues no podemos quedarnos quietos mientras que este sector que me vio crecer, otrora tranquilo y amañador, año por año se deja ganar terreno por la maldad—interrumpió la nieta.
--Tú y tus cosas de religión---cuestionó la a

Las fuerzas para vencer provienen de Dios

Las fuerzas para vencer provienen de Dios
Fernando Alexis Jiménez
Cuando Ana Isabel Ospina cruzó la meta y batió su propio record de atletismo en cuestión de segundos, miró hacia las tribunas, agradeció con una sonrisa los aplausos de decenas de personas, y pensó que más de setenta años no eran un obstáculo para que siguiera siendo una triunfadora.

La mujer se convirtió en la penta campeona más anciana del Valle del Cauca, en Colombia, pero en comparación con muchas personas más jóvenes, tiene la agilidad de una adolescente, las ilusiones y la alegría de una quinceañera y los sueños de un estudiante recién egresado de la secundaria.

Hay momentos en que piensa que renunciará a una carrera, cualquiera que sea. Las fuerzas se le escapan y ve muy distante el final de la competencia. Pero tiene claro que vencer implica esfuerzo y entiende que sólo lo logran, quienes no permiten que las circunstancias gobiernen su existencia.

Hágase amigo de sus hijos adolescentes

Hágase amigo de sus hijos adolescentes
Fernando Alexis Jiménez
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L
o que más le dolió a Sandra fue descubrir que su hija, de apenas trece años, tenía más relación de amistad con familiares como tíos y primos, que con ella.

--No entiendo por qué no me dijiste antes que estabas probando alcohol y drogas--, le dijo a la chica el día que fue a responder por ella, en una inspección de policía. La habían detenido junto con otros muchos a la salida de un concierto muy sonado en la ciudad.
            --Contigo no es fácil hablar, mamá. Vives en otro mundo--, se excusó.
            --Sí, pero si me hubieras dicho de tus problemas habríamos podido resolver algo, no sé, buscar una salida—interpeló la madre, preocupada por encontrar a su muchachita con una caterva de pandilleros sorprendidos cuando consumían marihuana y bebían aguardiente.
            --Ya, deja de sermonearme y sácame de esta pocilga—interrumpió la adolescente.

No traiga maldición con sus palabras

No traiga maldición con sus palabras


Jamás olvide que nuestras palabras edifican o destruyen. Es esencial que midamos lo que decimos. Una palabra inoportuna, puede desencadenar problemas, y de paso, expresa qué tipo de fe anida en nuestro corazón…

Fernando Alexis Jiménez
S
e despertó aquella mañana con la inquietud e incertidumbre por lo que ocurriría en el curso del día. Tenía una entrevista de trabajo. Por fin estaba a las puertas de sobreponerse a la crisis que atraviesa todo desempleado. Miró el reloj por segunda vez y se decidió a enfrentar la mañana.

            Su madre fue la primera persona a quien le hizo el comentario cuando le servía el desayuno:--Es probable que no quede entre los opcionados—se tomó un poco más de café y continuó--: Es probable que elijan a otros. Hay gente más preparada que yo--.

PROMESA BÍBLICA PARA HOY

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